El humo de la tormenta
No creo que los duros gritos
que nos lanzamos de noche
espanten a los murciélagos
sordos de mi azotea.
No creo que el humo
de nuestro cigarrillo
cree nubes de tormenta.
Solo otra vez esa cara
de niña buena que se imagina
princesa bajo unas sábanas de lino,
solo esa frase, una vez más,
como si esto nunca hubiera existido.
Y perdimos el rumbo de las horas,
nuestras miradas entrelazadas,
fuego y palabras calladas
que ahora retumban por si solas.
Aunque resurja de mis cenizas,
el viento podrido que resopla
en mi conciencia volcará
su furia contra mi pecho.
Harto de puñaladas sin cerrar
somos cómplices de ese beso.
Me dejaste moribundo
y ahora voy buscando el suelo.
Mi cabeza sigue bajo la tela de lino,
en mis sueños despierta una idea
he perdido las llaves de mi destino,
ah no, que está abierta la puerta.
Quizá me calme el olvido,
quizá sea esta la respuesta,
pero el humo de la tormenta
me hace perder el equilibrio.
2 comentarios:
No tengo absolutamente nada que decir... Gracias a ti compañero.
No señor, yo soy un mero escriba de tus pensamientos ;)
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