Sobre
papel canson beige
Entre sueños, drogas y epitafios
el gato se acicalaba
ronroneando al cielo azul cobalto,
a la espera del alba,
una joven tomó el suburbano
mientras le saludaba
el inquieto amanecer descalzo
de la ciudad trasnochada.
El sol descorrió las cortinas,
la luz inundó cada plaza
de aquella metrópoli henchida
de lienzos y bellas palabras.
Pareja de almas furtivas
de ataduras liberadas.
Dieron puerta a la rutina
el gato y la joven dama.
Ella buscaba en el viento
las respuestas a sus dudas
mientras pintaban sus dedos
capiteles y volutas.
Él, con su piel variopinta,
noches clara, días oscura,
de cornisa en cornisa
gobernaba las alturas.
Vagando por todas las plazas,
portando su grácil mochila,
de vainilla y macadamia
dulce aroma desprendía.
Se cruzaron sus miradas,
sin atrezzo y sin medida;
la suerte ya estaba echada
cuando el Sol se despedía…
Allí estaba ella
pintando incansable
el yelmo y los sables
de aquellas guerreras
que un día un poeta,
como juez y parte
del sueño y el arte,
nombró al fin estrellas.
No había estilo más sutil
ni más bermeja sanguina
que sangrase sin pedir
dosis verdes de morfina.
Sobre papel canson beige
discurría su poesía,
cada retrato un porqué,
cada matiz… una rima.
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